Imaginemos que vamos a salir a correr por primera vez.
¿Qué riesgo puedo correr? ¿qué me puede pasar? No voy a entrar en problemas físicos, que en ese aspecto "Que cada palo aguante su vela". Me refiero a cosas que por el hecho de ir corriendo te pueden ocurrir, así por ejemplo se me ocurren varias que cualquier persona que vaya a correr puede imaginarse: torcedura de tobillo, resbalones, caídas, arañazos con ramas o incluso golpes con alguna valla o señal del camino, ampollas, rozaduras. Nada grave, no parece nada peligroso, pues entonces,
¡Vamos a correr!
Pero la experiencia me ha demostrado que son muchos más y resulta que este aparentemente inofensivo deporte puede no serlo tanto, aquí algunos ejemplos de mi bagaje personal:
¡Atención! el contenido de este articulo puede dañar la sensibilidad del lector.
Impacto de insectos. ¿Quién no se ha chocado con un insecto mientras corre? Lo malo es cuando el azar hace que éste vaya directo a alguna zona delicada. Sí, por ejemplo a los ojos: en una ocasión me impactó uno en el ojo y no sé cómo, pero se fue para dentro; la molestia era grande, pero no había forma de sacarlo. Después de aplicar agua, aire, incluso dedos, no salía y terminó por acomodarse dentro del hueco ocular. Así me pase la tarde-noche y ya casi sin molestia me fui a la cama. Cual fue mi sorpresa cuando a la mañana siguiente amanecí con el cadáver del bichito en el lagrimal del ojo. ¡Que sabio es el cuerpo!
Pero no sólo en los ojos, en más de una ocasión me he tragado alguno, claro, eso por correr con la boca abierta; si ya me lo decían de pequeño: en boca cerrada no entran moscas. Pero es que incluso por la nariz he tenido el gusto de disfrutar de algún que otro insecto, francamente incómodo y, sí ,efectivamente, se puede comprobar que el conducto nasal tiene salida a la cavidad bucal.
Pérdida de uñas de los pies. "Esto a mi nunca me había pasado", había oído a muchos corredores comentar que suelen perder alguna uña en el transcurso de la temporada. O dicho de otro modo, al terminar la temporada hacen recuento de uñas. Pues en el pasado Maratón de Sevilla, al quitarme los calcetines para ducharme: ¡ahí estaban! dos preciosas uñas moradas. Una se salvo, la otra termino por caer.
Muslos rozados. Son muchos los corredores que corren con mallas, yo soy uno de ellos, y a pesar de ello de vez en cuando pruebo el típico pantalón de atletismo. Después de varias carreras de 10km sin molestia, probé en una tirada larga y, pasada la hora, el pantalón empezó a hacer de las suyas. Se metía hacia atrás , rozaba mis muslos y, a pesar de ir tirando de él hacia delante el resto del camino, el resultado fue dos buenas rozaduras en ambos muslos. Ya se lo dijo un vendedor de un famoso centro comercial a mi madre, "es difícil que un pantalón le quede bien a su hijo, tiene los muslos muy gruesos, como de futbolista" ¡será imbécil!
Rozaduras en las tetillas. Sí, es tan doloroso como suena al decirlo. Yo para carreras de más de 1h 30 suelo aplicar por defecto algo de vaselina para prevenir, pero en ocasiones tampoco es suficiente, será el material de la camiseta, la humedad, el frío que te las pone tiesas o todo lo contrario, el calor que te hace sudar más. El caso es que en ocasiones te empieza a rozar y enseguida se hace herida. Si bien en el momento duele, se puede seguir corriendo, pero os aseguro que al día siguiente no es nada agradable.
Golpe de calor. Esto me ocurrió por falta de previsión. Cuando preparas un Maratón, correr 1:30 es normal, incluso más tiempo. En condiciones de temperatura normales no suelo llevar agua para tiempos de ese calibre, pero si coincide un incremento de temperatura de casi 10º en un par de días, te puede ocurrir lo que me paso a mí. (junio de 2012) Nada mas salir ya se notaba más calor, aún así decidí hacer un recorrido en el que suelo invertir 1:45'. Después de 50' iba con la boca y la nariz secas; a la 1:15 empece a caminar en cuestas que dos días antes subía corriendo, la distancia se alarga, después de 1:40 ya no corro, tan solo camino.
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| Después de quitar los espinos |
Voy campo través. Como consecuencia de ésto y al ir andando algo mareado, me tropecé y fui a dar con mi cuerpo a una mata de espinos. Y ahí estaba yo, tumbado sobre los espinos sin poder levantarme. Al final, apoyando la mano en los espinos me levanté y después de quitarme los pinchos que pude, continué mi calvario.
A las 2h llego a un camino más transitado, sobre todo por ciclistas. Asalto al primero que pasa y le pido agua, sólo le quedaba un par de tragos, apuro el bote y sigo mi peregrinar hasta casa, ya sin plantearme correr, tan solo andando y buscando sombras por el camino. 2h30 tardé en llegar y meter la cabeza debajo del grifo de la cocina.
Culo irritado. Lo de la piel tan suave como el culo de un bebe quedó atrás en el tiempo ya hace muchos años. Es habitual ver a corredores, en los momentos antes de las carreras largas, metiéndose la mano por la parte trasera del pantalón. Se están poniendo vaselina. Yo suelo aplicar vaselina a muslos y pies para carreras largas, y después de la experiencia sufrida en el Maratón de Sevilla 2004, que terminé con una irritación tal que incluso sangraba, también me meto la mano por la parte trasera del pantalón.
Mordedura de perro. Esto ya lo conté en una entrada
peligros de correr, pero de forma resumida. Un pastor Belga me mordió en la nalga, mientras el dueño me aseguraba que no lo había hecho nunca; por supuesto lo llevaba sin atar. Resultado: una marca en el culo que un año después permanece, casi una semana con molestias en el lugar del atentado y el brazo inutilizado debido a la vacuna del tétano. Si os ocurre, coger los datos del perro y el dueño y denunciarlo para que hagan un control del perro en cuestión. Un perro que ha mordido una vez, puede volver a hacerlo, hay que vigilarlo.
Y es que corriendo no hay problemas con posibles golpes contra contrarios o entre compañeros, golpes de balones, pelotas, raquetas, stick. No, también corriendo tenemos nuestros propios riesgos.
Pero claro, todas estas desgracias según como se cuenten
son unas auténticas aventuras! Todavía recuerdo las carcajadas de algunos de mis amigos cuando les contaba mi caída en los espinos y la cara de asombro de otros de ellos.
Un divertido vídeo en el que seguramente más de uno se vera reflejado.
EL día después de un Maratón
Por lo demás, continúo mi recuperación: a la fascitis del pie izquierdo se añadió una degeneración del tendón de aquiles del derecho. Ya son 4 semanas de inactividad, pero va mejorando.